domingo, 2 de junio de 2013
El sueño truncado
Minuto noventa. Suena el silbato. El Cartagena estaba fuera del play off de ascenso. Miro a mis pies, un zapato desabrochado, no me importa solo quiero olvidar.
Levanto la mirada, veo un equipo exhausto emocionado sonriente, no es el mío. Los gladiadores que habían defendido al Caudal van corriendo a la grada donde están sus seguidores, los que han vivido 180 minutos de infarto. Aún no entiendo cómo, en ese momento todos los aficionados del Cartagena comienzan a aplaudir al equipo rival por su victoria. Un gran número de cartageneros se acercan a las vallas para aplaudir al campeón de esta batalla de ida y vuelta. Los jugadores del caudal siguen centrados en sus seguidores y de repente reaccionan, se dan cuenta, todo el estadio les aplaude, ellos corresponden atónitos.
Me dirijo a salir del estadio, veo a todo el que sale aplaudiendo hacia abajo. Si, la afición estaba aplaudiendo a los triunfadores del encuentro que no cabían en sí de gozo, en ese momento ellos recompensan la deportividad agradeciendo constantemente el aplauso recibido. Aplaudo y solo se me ocurre gritar lo que hubiese gritado a mi equipo: “Vamos, hay que luchar, vamos, vamos que podéis”
Me dirijo hacia la salida, miro a mis pies, un zapato desabrochado, no me importa solo quiero descansar.
Salgo cabizbajo del estadio, vuelvo para casa, vuelvo con mi hermano. Todo el camino de vuelta transcurrió a un insolente ritmo constante sin vacilar en nuestro paso, sin decir una palabra. Solo hubo un momento en el que rompimos este ritmo, en un semáforo, en ese momento una familia que iba en su coche paró delante de mí y la mujer preguntó: “Oye chicos, ¿ha ganado el Cartagena?” Esas palabras retumbaron en mi cabeza durante todo el trayecto de vuelta. Mi respuesta no pudo ser más luctuosa, tan solo levanté mi mirada la observé fijamente y giré tímidamente la cabeza, ella entendió todo.
Saco las llaves de mi bolsillo izquierdo, las agito haciéndolas sonar algo más animado, “que ejemplo de afición hemos dado” pienso “que imagen de deportividad”.
Llego a casa, abro la puerta, llamo al ascensor. Miro a mis pies, un zapato desabrochado, no me importa pero no quiero olvidar.
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